–El Parlament de Cataluña le ha avinagrado el día.
–Me parece un tremendo error. Con la prohibición se prescinde de muchos siglos de patrimonio cultural. Es una catetez hecha por políticos ignorantes.
–Como aficionado taurino, ¿se siente perseguido?
–No. Quienes pierden no somos los aficionados, si no los catalanes, que se privan de un acontecimiento histórico, artístico y cultural de gran trascendencia. Sin los toros, medio Museo del Prado no tendría sentido.
–Usted es un admirador de José Tomás, que se había convertido en el gran defensor de La Monumental.
–José Tomás, gran amigo, llenaba La Monumental en pleno agosto, en las fechas más raras. Imagino que los catalanes, a partir de ahora, tendrán que hacer como cuando íbamos a Perpiñán a ver las películas eróticas, se tendrán que ir al sur de Francia para ver toros.
–Estuvo en Perpiñán y recientemente en Praga, con el poeta Benjamín Prado. ¿Escribir canciones a cuatro manos resulta más fácil?
–Nos fuimos a Praga por casualidad y no teníamos muchas esperanzas de que eso funcionara, pero la verdad es que lo pasamos maravillosamente bien. Mantuvimos un diálogo durante las 24 horas del día sobre cada verso, cada coma, cada acento de las canciones. Y claro, al hacerlo con un poeta tan bueno y a la vez con un amigo tan cordial, simpático y cómplice, la estancia en Praga se convirtió en inolvidable.
–Después de siete meses de convivencia, ¿qué descubrió?
–Es muy difícil con un creador, un escritor o un músico hacer cosas a cuatro manos porque cada uno tiene su propia idea y resulta complicado salir de sí mismo y ponerse al servicio de algo que está hecho entre dos. En el caso de Benjamín Prado no hubo el más mínimo problema. Peleábamos a muerte por cada coma, pero el resultado final nos dejó a los dos bastante satisfechos.
–Su colega ha llegado a decir que este "Vinagre y Rosas" es el mejor disco de Sabina.
–Yo no estoy seguro, pero sí sé que no me da vergüenza escucharlo en un taxi.
–Que es el sitio en el que Sabina escucha sus canciones.
–En casa prefiero leer y escribir. Si pongo música me distraigo y no puedo hacer otra cosa que no sea escuchar. Así que la música la escucho en los taxis o en la furgoneta, camino de un concierto.
–Imagínese un trío. Benjamín Prado, Joaquín Sabina y...
"Esta noche no estaba con el estómago bien", dijo Sabina después de sus primeras canciones, el público respondió con risas, pero esta vez no hubo gatillazo. Y el artista respondió: "Ustedes fueron tan piadosos y cuidadosos aquella vez..." (se refería a la suspensión de su concierto en 2005 en el teatro Jovellanos) "...que nunca lo olvidaré".
El aforo del Palacio son ocho mil personas y a punto estuvo de llenarse. Los primeros en "actuar" fueron esos más de siete mil incondicionales que antes de que Joaquín Sabina saliera al escenario cantaron a coro "Y nos dieron las diez".
Era la hora del inicio del concierto y aunque el cantautor se retrasó unos minutos, por la megafonía del pabellón sonó la melodía de esta canción muy conocida de su repertorio, a ritmo de vals.
Y Sabina hizo su entrada acompañado de un solo vocal, de Pancho Varona. Bombín negro (como no podía faltar), chaqué también negro, pantalón gris y camiseta negra. Arrancó con dos temas de su último disco "Vinagre y rosas" que fueron "Tiramisú de limón" y "Viudita de Clicquot".
Continuó con "Ganas de", una de esas canciones grabadas en la memoria colectiva de sus incondicionales. Y llegado este punto, fue el momento de hacer la primera parada para dirigirse a un público que lo adora, como ayer se demostró una vez más.
"Os felicitamos por ser campeones del mundo mundial", dijo el artista. El público respondió con el ya clásico "Illa, illa, illa, Villa maravilla". El diálogo continuó con "El Sporting tiene que ir subiendo", frase que ha dejado dudas sobre lo que entiende don Joaquín de fútbol. Y remató con una referencia a su equipo de toda la vida... "y el Atleti mantenerse". Dos glorias de camiseta parecida, con colores idénticos y la misma capacidad de sufrir.
Esta noche arriba a la ciudad el maestro de las letras agridulces y las palabras mordaces, de la poesía amorosa, pero realista, de las noches de insomnio en colchones ajenos convertidas, sabiamente, en canciones. Y, aunque haya crisis, a nadie le duele gastarse 40 euros para ver a este artista, quizá, por última vez, al menos en un recinto grande. A sus "cincuenta y once" primaveras y, tras tres décadas metiéndose al público de todo el mundo en el bombín, Sabina cambia los escenarios multitudinarios por los conciertos íntimos. Se despide a lo grande, con sus rimas sobre amores nocturnos y la vida, sus críticas sobre el regimen político de turno. Todo ello para volver a la tranquilidad de algún bar en la calle melancolía, desde la que partió todo.
Nadie ha cosechado nunca tanto éxito vendiendo las verdades como dardos envenenados, con un tono agridulce, como si de un "tiramisú de limón" se tratasen. ¿La clave? buen gusto, ironía y un puntito canalla en cada nota que arranca de su vieja guitarra, aderezado de una multitud de fans que le acompañan y le ayudan a colgar el lleno en cada escenario que pisa.
Esta noche podrá oírse a un Sabina meláncolico, con canciones como "Y sin embargo", alternando con uno más rockero, que se deja ver en "Princesa" o "La del pirata cojo". Nuevos y viejos himnos de todas las generaciones.
Una cita a las 22.30 horas que nadie debe perderse. La empresa EMTUSA ha dispuesto un dispositivo especial de autobuses que llegará hasta la Plaza del Carmen para facilitar el desplazamiento de los asistentes al concierto.
Tenemos el agrado de informar a nuestros ciudadanos residentes en ESPAÑA que la empresa promotora del concierto de Joaquín Sabina en Santander, "Amstel, patrocinadora de Música en Grande" nos ha hecho llegar DOS entradas para el próximo 2 de Agosto. Una entrada puede ser tuya. Participar es muy fácil, solo debes registrarte y responder las preguntas que se encuentran más abajo. L@s 2 sabiner@s que respondan primero y de forma correcta serán los ganadores. ¡SUERTE!
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1- ¿En cuáles canciones de toda su discografía J. Sabina dice "Te amo"?
2- ¿Cuál o cuáles son las razones por las que J. Sabina le puso "Carmela" a su hija?
3- ¿Pancho Varona ha editado un álbum...cómo se llama y en que año fue publicado?
No era más que un truco para ganarse al auditorio de un cantante curtido en conquistar a la audiencia desde una encantadora pose canalla, pero la frase levantó ampollas. En su concierto el pasado sábado en Huelva, Joaquín Sabina se refirió a un billete de 500 euros como "un bin laden" [expresión con la que la sabiduría popular ha rebautizado estos billetes por su dificultad para ser encontrados] y añadió que "Bin Laden es muy suyo, ¡menudo es!, parece sevillano". En la velada hubo otras referencias a la capital andaluza, como cuando el cantautor mostró su predilección por las Colombinas frente a la Feria de Abril o lamentó que los sevillanos se creyeran "los mejores". En una entrevista con este periódico, el músico alegaba ayer que hace "este tipo de bromas en todos sitios" y declaró su afecto por Sevilla, ciudad en la que parará su gira Vinagre y rosas el 11 de septiembre, fecha en la que actuará en el Auditorio Rocío Jurado.
-¿Qué opina de la resonancia que han tenido en Sevilla sus comentarios sobre la ciudad en el concierto de Huelva?
-Sinceramente, me produce un poco de tristeza tener que aclarar algo así. Yo hago ese tipo de bromas en todos sitios. Hace poco salí en San Sebastián y dije "Buenas noches, Bilbao", sólo para provocar un poquito y ganarme unas risas. No digo que todo el mundo comparta mi humor, pero tampoco creo que esa historia merezca una página en los periódicos. Tal vez se me fue un poco la mano, tal vez, pero con la que está cayendo no me parece tan grave. Entendería que en un par de pueblos del centro de Castilla, enfrentados por cuestiones históricas, se tomaran estas cosas en serio, pero una ciudad tan hermosísima, tan única y maravillosa como Sevilla, que se sienta aludida por una broma de bar hecha en Huelva me parece un poco grave...
-Al final, con la polémica que se ha montado, se demuestra que los sevillanos somos muy nuestros.
-[Ríe] Pero ya no lo voy a repetir, porque me puedo llevar otra manta de hostias... Tengo un racimo de amigos sevillanos que saben muy bien lo que opino de Sevilla, hasta el extremo de que parece que he nacido allí. La inmensa mayoría de los Jueves Santos por la noche me voy a Sevilla, y me llevo a mi novia, y no falto a casi ninguna Feria de Abril, no a la feria en sí sino a la Maestranza, y a Curro Romero... ¡lo amo sobre todas las cosas!
-En todo caso, no deja de tener su gracia que usted hablara de Bin Laden y que el concierto de Sevilla sea el 11 de septiembre.
-Eso no deja de tener mala follá, sí.
-Adelántenos algo de lo que van a ver los sevillanos en esa cita.
-Bueno, van a ver lo mismo que los muchos sevillanos, bastantes, que se desplazaron a Huelva. Pero esta vez las bromas serán al revés [ríe].
-Presentará su nuevo disco, Vinagre y Rosas, después de que en anteriores giras apenas tirara de repertorio reciente.
-Sí, estoy cantando como cinco o seis canciones del disco nuevo. Y ha sido una sorpresa muy agradable, porque en los primeros conciertos de una gira sacas las nuevas y luego poco a poco las vas quitando, porque hay una presión muy grande por oír las viejas. Pero en esta gira, de la que llevamos casi 70 conciertos, han aguantado estupendamente.
-Cuando se sacó el disco, sus colaboradores Pancho Varona y Antonio García de Diego hablaban de que los temas nuevos habían nacido "para ser coreados en los estadios". Parece que acertaron.
-Yo había pensado en esta gira como la última en estadios, me apetecía algo más íntimo. Pero la verdad es que ellos tenían razón: incluso las canciones más raras las cantan no sólo aquí, también en el Caribe o en Quito.
-Sus conciertos, como sus discos, poseen una amplia variedad de registros sonoros, de géneros.
-Es que yo no creo en los géneros, yo creo en el género canción. A mí me da igual si es una rumbita flamenca, un tango o es un corrido, lo único que quiero de una canción es que me emocione.
-Hablando de rumbas, sorprende la pieza que dedica en Vinagre y Rosas al poeta Ángel González...
-Es que Ángel era el tipo más bienhumorado del mundo. Dos noches antes de morirse, estuvimos en casa bebiendo y cantando hasta las seis de la mañana. Y yo no quería escribir una canción triste, yo quería celebrar a Ángel.
-Benjamín Prado, coautor de las letras, afirma que se quedó admirado de que usted trabajara tanto cada verso.
-Porque en la radio lo que uno oye es tal bazofia, el idioma está tan maltratado, que si yo creo que si tengo algo que aportar es cuidar el lenguaje, que quien me escuche sepa que he cuidado la letra como si fuera una gardenia. Yo de adolescente nunca pensé que iba a ser cantante, mi sueño era ser poeta.
-Y ahora que vivía la estabilidad doméstica, tiró del desamor que sufría Benjamín Prado.
-La colaboración con él salió como salen las cosas, por azar. Yo me encontré a Benjamín una noche y los dos estábamos jodidos, él porque lo había dejado la novia y yo porque no se me ocurrían canciones, y hablamos de irnos a algún sitio a escribir. Por una extraña razón aquello cristalizó y dos días después estábamos en Praga.
-¿La felicidad no inspira, entonces?
-La felicidad, o digamos la estabilidad doméstica, sirve para prolongar la vida de uno y no destrozarse. Pero el territorio donde crecen las canciones que yo amo es el territorio de la inestabilidad, de asomarte al abismo. Así que tuve que echar mano de la tristeza de Benjamín...
-Los productores denunciaban esta semana que la venta de música había bajado a mínimos históricos. Sin embargo, usted ya lleva tres discos de platino con su nuevo trabajo.
-Ya me pasó otra vez, en aquella crisis gorda del ochenta y tantos, que fue uno de mis mejores años. No sé por qué, cuando la Historia tiene un bajón, mi vida profesional funciona. Quizá porque yo escribo canciones sobre el desamor y la tristeza, yo creo que engancho con los malos tiempos. Pero me da complejo de culpa ver que a tanta gente le esté yendo tan mal, concretamente a gente de mi oficio, y que esta gira mía sea casi la más grande que haya hecho nunca.
La actuación que tenía previsto ofrecer Joaquín Sabina el próximo sábado, 24 de julio, en Elche no se podrá celebrar debido a "problemas de servicio con la empresa suministradora de las estructuras necesarias" para su realización.
Así lo ha anunciado ayer la productora del concierto en una nota de prensa difundida por el Ayuntamiento ilicitano, en la que se señala que "resulta imposible" llevar a cabo el concierto en la fecha inicialmente fijada como consecuencia de esos problemas.
En el comunicado se indica que "el interés común tanto del Ayuntamiento de Elche como del propio artista en actuar en esta ciudad ha facilitado la posibilidad de reubicar dicha actuación el próximo 28 de octubre".
También se explica que las entradas vendidas para la actuación programada para el 24 de julio "serán válidas para la nueva fecha".
"No obstante, todas aquellas personas que deseen el reintegro de las mismas" podrán acudir a "los puntos de venta donde fueron adquiridas", según la productora.
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Joaquín Sabina, el poeta, el cantante, el autor, el genio de Úbeda, se dejó el alma en el escenario y con su voz rota, marca de la casa, y unas letras que forman parte ya de la vida de unas cuantas generaciones construyó un espectáculo digno de las grandes noches. Una chaqueta de frac negra y su inseparable bombín aliñaron un menú en el que hubo vinagre, rosas y mucho más. 30 años al pie del cañón y 20 discos dan para mucho, así que fue generoso y apenas tardó dos temas en ofrecer, bien administrados, esos éxitos que los más de 3.500 asistentes recibieron con las gargantas a punto (y algunos bombines).
Los primeros acordes fueron para Lili Marlén. Con ellos salió su tripulación y después el capitán, que se arrancó con Tiramisú de limón. El primer regalo fue Ganas de, para calentar, y después para ofrecer su primer saludo a "esta Castilla tan vieja y esta plaza tan nueva", agradecer el "vientecito" y continuar con Medias negras. La noche prometía, y así fue viajando por sus discos y sus temas, cantando al amor y al desamor, al destino, al olvido, a las historias que solo pasan en los bares... Aves de paso, Peor para el sol (donde se quitó la chaqueta) y el primer guiño abulense con La Santa para introducir a "Santa Chavela" y El Bulevar de los sueños rotos. La noche se animaba.
Con el Llueve sobre mojado introdujo a todo su equipo pero llegó el parón, con dos canciones a cargo de Pancho Varona y de su joven corista Mara, un cambio de ritmo que le costó levantar pero que consiguió con oficio y guiños al público (se quitó el bombín) y tirando de temazos como Y sin embargo (impresionante), La Magdalena (todo un numerito) y 19 días y 500 noches. La apoteosis llegó con Princesa, para una traca final que cerró, cómo no, con sus pastillas para no soñar.
Casi 8.000 personas fueron anoche testigos del espectáculo que ofreció Joaquín Sabina en el estado Iberoamericano de Atletismo. Cuando se acercaba la hora del inicio, las 22:00, el público estaba expectante como no podía ser de otra manera, ya que hacía diez años que el Sabina no pasaba por allí.
Cuando se escucharon las primeras notas de Lili Marlen, el público enloqueció, cantando todos al unísono en muchas de sus canciones. Después de más de dos horas, el concierto acabó y, como ya es tradición, el cantautor jiennense se desprendió del bombín. Una marabunta de manos se lanzó a por él, luchando en el aire para ser la afortunada.
Joaquín Sabina no ha hecho esperar demasiado al público malagueño. Ha regresado de nuevo a la capital para deleitar a sus seguidores. Tras haber visitado Málaga el pasado mes de diciembre, era difícil encontrar espacio para la sorpresa en su espectáculo. Pero si la hubo: fue la confirmación de que su voz todavía es capaz de llegar a los corazones de todos sus admiradores, desde los más jóvenes a los de más edad.
El concierto del jiennense, que forma parte del programa municipal Serenatas de la Luna Joven, reunió anoche en el Auditorio Municipal-ver vídeo- a más de 5.000 personas. Entre su público, las distintas generaciones, que estuvieron unidas por las letras de un cantautor que ha traspasado la frontera del tiempo y que ha escrito la banda sonora de las vidas de muchas personas.
Por esta razón, no era difícil ver entre el público a muchos padres con sus hijos adolescentes que han escuchado a Sabina desde su más tierna infancia. Niños que se criaron escuchando Pacto entre caballeros o La canción más hermosa del mundo. O adultos que soñaron escuchando A la orilla de la chimenea. Así, no es de extrañar que Joaquín Sabina sea del agrado de públicos de todas las edades.
El cantautor, que no se dejó su emblemático bombín y su tradicional frac en casa, comenzó su actuación con Tiramisú de limón, que hizo cantar y bailar al Auditorio. Aunque el espectáculo estuvo centrado en los temas de su nuevo disco, el cantante regaló a su público canciones tan conocidas como 19 días y 500 noches o Princesa. Los asistentes le agradecieron su guiño a este pasado musical, no tan lejano, con calurosos aplausos.
Entre canción y canción, Joaquín no dejó de compartir momentos de complicidad con el público y de hablar sobre la victoria de la Selección Española en el Mundial de Sudáfrica. "Ya tenemos una estrella Roja". Y también se refirió al futbolista Andrés Iniesta y calificó de "gesta" el gol del albaceteño. Sabina desplegó también sus artes de poeta y encandiló al público malagueño con frases: "El pulpo a la alemana me parece un boquerón".
El cantautor, que en su pasado concierto contó que la primera vez que se puso su bombín fue en una actuación en Málaga, dejó el pabellón en lo más alto. Roqueros, padres y madres, adolescentes... toda la amplia amalgama que conforma el público sabinero quedó más que satisfecho con el espectáculo.
Benja es el responsable junto a su amigo Joaquín Sabina de diez de las canciones que forman parte de Vinagre & Rosas, para ello viajaron a Praga durante ocho días. Tras este viaje, continuaron la composición en Madrid y Rota (Cádiz). Benjamín relata el proceso de composición y el viaje que realizaron en el libro "Romper una canción" permitiendonos conocer más a fondo el desarrollo de las canciones que hoy coreamos en cada uno de los recintos que se presenta Joaquín & Cía.
Gracias por regalarnos tanto arte...FELIZ CUMPLEAÑOS POETA !!!
Jamás olvidaremos el día en que Pancho nos sorprendió a todos con su 1er. paseo por Ciudad Sabina, sucedió hace poco más de un año...donde nos decía lo siguiente:
"Estábamos Antonio Gª de Diego, Joaquín y yo en Rota componiendo la semana pasada y hubo un momento en que tuvimos que recurrir a vuestra página. Joaquín necesitaba saber una rima de una de sus publicaciones en Interviú y entré aquí para mirar y asegurarme de lo que él había escrito anteriormente. Pertenecía a la publicación dedicada a Benjamín Prado hablando de Praga. Un beso para todas/os ya desde Madrid" ... sin duda hubo un antes y un después, no nos cabía en el pecho tanta emoción. Desde ese momento supimos que nuestra pequeña comunidad no era tan pequeña, y supimos que aquello que nos habíamos propuesto y que aún sigue siendo nuestro objetivo ("unir a los sabineros de todos los rincones") iba a contar con un hilo conductor, éste fue, es, y seguirá siendo, nuestro querido Ciudadano Ilustre Pancho Varona.
Ciudadanos de varios países (Argentina, Uruguay, Chile, México, Costa Rica, Puerto Rico, Colombia, Ecuador, España) hemos tenido el privilegio de estar cara a cara con él, e incluso hemos compartido gratos momentos de charla, en más de una oportunidad nos ha brindado entrevistas exclusivas en España y Uruguay, hemos compartido "Noches Sabineras", e innumerables historias que se encuentran en las diferentes avenidas de nuestro FORO, historias que han quedado en lo más profundo de nuestra memoria y corazón, y que jamás se olvidarán.
Hablar de Pancho Varona es hablar de talento, simplicidad, humildad, carisma, entrega y cariño para con sus fieles seguidores, los cuales le estaremos siempre por demás agradecidos.
"¿Qué puedo contaros de él? De sobra la peña sabe que es la llave de mi piel, el timonel de mi nave.
Al músico irrepetible le echa un pulso la persona su fama es un imperdible ¡se llama Pancho Varona!"
Nadie lo podría definir mejor que Joaquín Sabina, su jefeamigo, como él mismo lo llama.
Querido Pancho ("Excelentísimo Mohammed Alí Peinch") un año más Ciudad Sabina brinda a tu salud...FELIZ CUMPLEAÑOS MAESTRO !!!
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Y dieron las once cuando sonó la primera nota, pero el Coliseum ya hervía de emoción minutos antes de que el flaco pisara el escenario coruñés. A golpe de aplausos las casi 6.500 personas que asistieron a la cita dieron la bienvenida al artista, que no dudó en subirse a las tablas luciendo uno de sus más que característicos atuendos, incluido su ya clásico e inconfundible bombín de color negro.
Joaquín Sabina devolvió el calor a los coruñeses —"Boas noites, Coruña", saludó— y abrió el recital al son de Tiramisú de limón, extraída de su último disco, Vinagre y Rosas, que da nombre también a la gira.
El jienense, que ya se había reunido dos días antes con sus fans de Lalín, donde le nombraron Comendador de la Feira do Cocido de esta localidad, continúo su espectáculo con un recorrido por las canciones de su último álbum. Las notas de su guitarra provocaban el movimiento acompasado de los sabinófilos y las voces de su público gallego retumbaban al son en el recinto coruñés, que al cierre de esta edición aún estaba entregado ante la presencia del artista andaluz. Los conciertos de la gira Vinagre y Rosas podrían ser de los últimos espectáculos que el artista ofrezca en grandes espacios, según declaró el cantautor recientemente. A partir de entonces es posible que el cantante se cite con su público en salas pequeñas, lugares más íntimos que cercan el número de asistentes, por lo que los fans tendrán que apresurarse en la compra de las pocas entradas que estarían disponibles. Aún en grandes espacios, que al flaco no le cuesta llenar, Sabina, like a Rolling Stone, seguirá su gira por España.
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"TE DEVUELVO EL DINERO..."
El directo Vinagre y Rosasdiscurría de maravilla con mucha complicidad entre público y estrella hasta que el artista se tomó un pequeño respiro para cambiarse la camiseta y tomar aire. Su inseparable Pancho Varona agarró el micro y se marcó un tema. Hasta ahí todo bien, pero un pequeño grupo del público consideró que el cantante dejaba demasiado tiempo el escenario cuando en la siguiente canción su compañera de tablas, Marita Barros ejerció de solista. Los silbidos reclamando la presencia del cantante se escucharon en la sala en un gesto nada elegante para con una voz como la de la andaluza que demostró, por varias veces en la noche, que todos los artistas que el flaco elige para que le acompañen en escena merecerían tener su propia carrera. El genio de Úbeda sacó su genio y, tras volver a tomar las riendas del directo, se encaró con los que silbaron: "Qué valiente es esconderse en la masa", resaltó en defensa de su corista al tiempo que invitaba al espontáneo a meterse el pito por ese lugar donde la espalda pierde su casto nombre. La reacción del artista en defensa de su equipo rebajó el buen rollito que dominaba el ambiente hasta ese instante, principalmente por que no se quedó en una anécdota y marcó el resto del concierto. Un par de canciones después los silbidos reaparecieron tímidamente. Sabina se giró hacia el lugar del que surgián los pitos: "¿Cuánto te ha costado la entrada. Te devuelvo el dinero. Llevo suelto".
Foto ABC.es: Crespo y Sabina, junto a Alberto Núñez Feijóo, presidente de la Xunta.
José Crespo, alcalde de Lalín, nombró ayer nuevo Comendador de la Orden del Cocido de Lalín al cantante Joaquín Sabina, que se encuentra durante este fin de semana en Galicia, quien prometió "defender el cocido de Lalín" y adquirió el compromiso de degustarlo por lo menos una vez al año, a lo que añadió "¿y no puede ser más veces?".
Núñez Feijoo le impuso la capa y fue investido comendador por el alcalde, José Crespo, con el cucharón de plata. El cantante firmó entre risas el libro de honor con el bolígrafo estadullo de rigor y explicando que "a mí me han llamado muchas cosas, pero no comendador". Sabina señaló que "siempre que uno viene a Galicia, a uno le da saltitos el corazón". Dijo que siempre era reacio a recibir este tipo de honores "porque me conozco bien y sé que no lo merezco, así que esto honra más a Lalín que a este cantante". Se sintió muy honrado de estar en tan buena compañía, aludiendo a los otros cien comendadores que forman parte de la orden y mostró su agradecimiento a Núñez Feijoo por hacerle un hueco en su apretada agenda.
Crespo destacó el honor que supone "que una persona de tu talla personal y humana forme parte de la orden del Cocido" y que "a partir de ahora formas parte de nuestra familia por los siglos de los siglos".
Joaquín Sabina regresa mañana a A Coruña, donde siempre ha vivido «experiencias fantásticas», aunque dice que las mejores no las puede contar.
Para la puntualidad casi británica, acaso forjada en aquel exilio londinense de los setenta, con la que Sabina acudía a su cita con la sección de novedades desde hace tres décadas, los cuatro años transcurridos hasta el lanzamiento de su último disco, Vinagre y rosas, fueron una larga espera para tantos fieles que aguardaban ese ingenio incombustible, esas rimas redondas, esa pluma como un bisturí, cirugía a corazón abierto de pasiones y asperezas de la vida. Regresó con Vinagre y rosas, y con esas nuevas canciones salió otra vez a la carretera, a los escenarios, a los hoteles, dulces hoteles. Y ahora, sobre la marcha, confiesa, en vísperas de su concierto en A Coruña (mañana, en el Coliseum; anoche inauguraba el Lalín Arena), que es fácil volver a engancharse a todos los rituales de la música en directo. Eso sí, de los malos vicios sigue alejado como de la peste, ya que la salud le impuso casi por obligación un régimen, dice él, «de monje cartujo». Exagera, claro. Pero una exageración sabiniana es literatura.
-¿Qué sensación tiene de la respuesta del público a su último disco?
-Por lo que yo sé, primero por las ventas y luego por cuando cantamos las canciones en directo, que lo hemos hecho ya en 13 países, la reacción es mejor que cualquier cosa que yo hubiera soñado. Para mí era un disco más, y no esperaba que se fuera a convertir en un punto tan alto de mi trayectoria. Realmente, no lo esperaba. Llevamos casi 60 conciertos y seguimos cantando las canciones del disco nuevo como el primer día.
-¿Por qué no se sentía más optimista respecto a este álbum?
-Bueno, yo soy un tipo bastante inseguro cuando saco un disco. Nunca sé, nunca estoy seguro de si lo que he hecho... De lo único que estoy seguro siempre, porque si no no lo sacaría, es de que, cuando lo oiga en un taxi, no me va a dar vergüenza oírlo, porque solo escuho mi música en los taxis: en casa jamás se pone. Lo que pasa es que uno no sabe nunca cuáles son los circuitos, los mecanismos por los que llega a la gente. Ten en cuenta que mis canciones no es que ahora no suenen, es que nunca han sonado en la radio. Suenan por otros circuitos...
-Su público es fiel, pero ¿advierte que con el paso del tiempo se suman generaciones más jóvenes?
-Bueno, sabes que desde el escenario solo se ven las primeras filas, y las primeras filas siempre son de gente muy jovencita porque la gente mayor no se pone a dar empujones para llegar hasta ahí... Pero yo tengo la impresión de que todo el tiempo se incorpora gente más joven. Tampoco sé cuál es el secreto ni el misterio. Y no solo aquí; en Latinoamérica es más: más gente y más joven. No sé cómo explicarlo.
-Puede que en eso ayude la participación de músicos nuevos, por ejemplo Pereza en «Tiramisú de limón». ¿Por qué hizo esta canción con ellos?
-Hacía mucho tiempo que yo no veía un grupito de rock and roll español, callejero, de bar o de la esquina, rollingstoniano, que era lo que a mí me gustaba cuando tenía la edad que tienen ahora los de Pereza, y cuando los descubrí, me pareció que era un aire fresquísimo de la calle. Como me había salido un disco bastante tristón y en ese momento éramos bastante amigos los Pereza y yo, pues se me ocurrió hacer una letra para que ellos le pusieran música y la tocaran conmigo. Y eso en mi opinión era abrir una ventana en el disco al aire joven y fresquito de la calle.
-En Las Ventas dijo que podía tratarse de uno de sus últimos paseíllos. ¿Mensaje de despedida definitiva?
-Bueno, de despedida de la plaza de toros de Las Ventas, por ejemplo, o del circuito que estoy haciendo este año, que son estadios, lugares muy grandes con muchísimo público. Ten en cuenta que hemos tocado por ejemplo en el campo de fútbol de Boca Juniors, que eran 50.000 personas, o sitios muy grandes en México... Tampoco lo he dicho seguro, pero a lo mejor sí es una despedida de este tipo de lugares. A lo mejor en los próximos años me va a apetecer más tocar en teatros o en clubes, sitios más reducidos donde la relación con el público es más directa y más íntima.
-Algunos tendrán esperanzas de que sea algo cíclico y de que quizá después quiera volver a los grandes escenarios otra vez...
-Puede ser, pero ahora llevo demasiados años en sitios muy grandes, y me apetecen los pequeños.
-Hablando de la plaza de Las Ventas, ¿qué siente un taurino convencido ante el aumento de las críticas al mundo de los toros tras varias cogidas muy mediáticas?
-Bueno, la más mediática, que fue la de José Tomás en Aguascalientes, me pilló en la plaza. Me entraron ganas de no volver nunca más a una plaza mientras toreara José Tomás, porque es mi amigo. Es muy duro, pero esa dureza al mismo tiempo es la verdad de la fiesta; demuestra que no es un juego de niños eso de ponerse delante de un toro. Yo soy taurino; respeto muchísimo a los antitaurinos, pero exijo que nos respeten también a nosotros, porque en muchos antitaurinos hay una dosis muy alta de ignorancia.
-Viene de nuevo a Galicia: ¿cuál es la primera anécdota que le viene a la cabeza sobre sus conciertos aquí?
-Las más bonitas no te las puedo contar [risas]. Lo peor fue con el Serrat en Santiago, porque nos llovió y a mitad de concierto tuvimos que dejarlo, y eso deja un regusto muy amargo en la boca. Pero por ejemplo en A Coruña, adonde vamos ahora, siempre han sido unas experiencias fantásticas.
-De los vicios que sí se pueden contar, ¿cuáles son sus favoritos en esta tierra?
-Pues como todo el mundo: los marisquitos, el ribeiro; las chicas tan guapas y tan generosas y tan abiertas y tan simpáticas... Me gusta mucho la cultura popular gallega.
-¿Y en lo musical?
-Últimamente no sé; en la época heroica yo era, y sigo siendo, muy amigo de Bibiano, y me gusta mucho Milladoiro. También me gustaban mucho Siniestro Total. Ahora no llegan, o al menos no veo, nuevos grupos que canten en gallego...
-Por cierto, ¿está por fin desterrada la imagen del Sabina crápula?
-Bueno, llevo ya diez años que casi soy un fraile cartujo, así que si no he desterrado esa imagen en diez años, es que no hay modo. Ya no tiene sentido.
-Entonces, ¿se porta de forma ejemplar en todas las giras, hoteles y «backstages»?
-Sí, sí. Bueno, como decía Mario Benedetti, yo soy monógamo pero no fundamentalista.
-Hace tiempo que sus conciertos son baños de multitudes con incondicionales. ¿Llega a cansar tanta admiración, hincha demasiado el ego?
-Mi ego lleva muchos años muy tranquilo. Afortunadamente yo llegué a esto tarde, con los 30 cumplidos. Ahora tengo 61, y mi ego, que nunca pensó en eso y nunca lo imaginó y nunca lo deseó, está bien cubierto con aquellos primeros años. Ahora es mi ego íntimo el que necesita otras cosas.
-¿De dónde sale la motivación necesaria para salir a cantar cada noche después de tantos años y tantos conciertos?
-Al principio era muy duro, así que lo planteé como una última gira, digamos para despedirme de los grandes públicos. Lo que pasa es que después se nos ha metido el gusanillo, el veneno y la droga de los conciertos y los aviones y los hoteles, y nos ha hecho rejuvenecer: estamos otra vez en la carretera, como si fuéramos un grupo jovencito que empieza. Y la verdad es que lo estamos disfrutando mucho y encontrando un público muy, muy cómplice.
-¿Es una dinámica rutinaria?
-Pues sí, pero es como cuando estás jugando un mundial: solo piensas en el siguiente partido [risas].
-Ya que lo menciona, ¿hasta dónde cree que llegará España? [preguntado en vísperas del partido de cuartos de final].
-Bueno, yo creo que es un equipo estupendo, a veces demasiado estupendo; demasiado fino y barroco, pero están abiertas todas las opciones.
-¿Y qué hay de su lado poético? ¿Sigue con ánimo para seguir publicando?
-Escribo todos los días; a veces salen canciones, a veces salen versos, o a veces sale una colaboración en un periódico... Yo, cuando tenía 14 años lo que quería era escribir, y ahora que tengo 61 pienso lo mismo. Lo de cantar vino después, fue casi una casualidad. Pero todo empezó escribiendo.
El Lalín Arena abrió sus puertas anoche con un espectáculo que cautivó a los cerca de 3.000 incondicionales de Joaquín Sabina que acudieron a escuchar al "Flaco de Úbeda". El concierto arrancó ocho minutos después de las diez de la noche con parte del público aguardando impaciente mientras sonaba la melodía sinfónica del ya clásico Y nos dieron las diez. Sabina abrió el espectáculo con Tiramisú de limón, el single de su nuevo trabajo discográfico, ya con un público entregado y que se ganó más si cabe cuando saludó a los presentes con un "Boas noites Lalín, boas noites Pontevedra".
Ataviado con su bombín y una levita de un frac, prosiguió su esperado recital con Viudita De Clicquot, también de su último disco, con la que se comenzó a caldear el ambiente del recién inaugurado recinto deportivo. Instantes antes accedían al palco de autoridades, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijóo; los conselleiros de Presidencia y Cultura, Alfonso Rueda y Roberto Varela, o el gerente del Xacobeo, Ignacio Santos, junto al anfitrión y alcalde de Lalín, José Crespo. A la llamada del cantautor, andaluz de nacimiento y madrileño de adopción, también acudió el número dos de los socialistas gallegos, Pablo García, [entre el público] y también estuvieron los alcaldes de Silleda, Forcarei, Cerdedo o Agolada; Ofelia Rey, David Raposeiras, José Balseiros y Ramiro Varela o el primer edil de Teo, el nacionalista Martiño Noriega.
La comunión del artista con el público prosiguió con el tercera canción; Ganas de, un clásico de su elepé "Esta boca es mía". Acompañado en el escenario por los elegantes guitarristas Pacho Varona, inseparable de Sabina, y García de Diego, el artista anunció que había sido propuesto como comendador de la Feira do Cocido de Lalín. "Me han dicho que tengo que comer, al menos, un cocido al año, será porque me ven muy flaco", dijo desde un escenario separado por dos pantallas gigantes donde se proyectaba la realización en directo del espectáculo. La calidad del sonido, habitualmente pobre en este tipo de recintos, complació a los tres millares de sabinianos, entre los que se podían ver desde adolescentes hasta sesentones, acompañados de sus parejas. La propuesta de Sabina convenció a sus incondicionales, que, en Lalín, tendrán la oportunidad de volver a tenerlo cerca dentro de unos siete meses. Entonces, volverá como comendador del Cocido y cambiará por un instante el frac por la capa.